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jueves, 11 de septiembre de 2008

Inadaptación (2)

Continuamos la serie dedicada a la sensación de inadaptación con este poema de Luis Cernuda. Forma parte del libro que publicó en 1931, uno de los más representativos de su etapa surrealista y que lleva por título Los placeres prohibidos. Elocuente nombre el que encontró para hablar de aquellos (gracias ignatus, a esta ronda estás invitado) aquellas sensaciones que experimentaba y que en su época no estaban bien vistas, la homosexualidad en su caso. No vamos a entrar en un tema como ese ahora, daría para unas cuantas entradas ya que seguramente lo que dijéramos aquí no se ajustaría a lo que el discurso bienpensante actual ha establecido. Lo que nos gustaría es dejar el fondo de la cuestión para otro momento y quedarnos con la forma con la que Cernuda describió la sensación de aislamiento, soledad e incomprensión que le producía una situación en concreto. Y aunque el contexto varíe, la sensación que se experimenta en otros casos en los que alguien no encuentra su sitio puede verse como la de un "naipe cuya baraja se ha perdido" y que se ve asistiendo al paso del mundo sin su propia participación.

Para unos vivir

Para unos vivir es pisos cristales con los pies desnudos; para
otros vivir es mirar el sol frente a frente.
La playa cuenta días y horas por cada niño que muere. Una
flor se abre, una torre se hunde.
Todo es igual. Tendí mi brazo; no llovía. Pisé cristales; no
había sol. Miré la luna; no había playa.
Qué más da. Tu destino es mirar las torres que levantan, las
flores que abren, los niños que mueren; aparte, como naipe
cuya baraja se ha perdido.

domingo, 7 de septiembre de 2008

De vuelta

Mucho tiempo ha pasado desde que abrimos la taberna y muchas cosas han pasado también durante ese tiempo que nos han impedido mantenerla abierta con el movimiento que debe caracterizar a este tipo de lugares de encuentro. Sin embargo esperamos que a partir de ahora podamos hacerlo, no al nivel que nos gustaría puesto que las circunstancias todavía nos impiden hacerlo, pero al menos sí con la intensidad suficiente como para que quienes os paséis por aquí a tomar algo salgáis con el regusto refrescado, no sólo el físico sino también ese otro más inmaterial. Y para compensar esta falta de actividad tan prolongada traemos hoy dos poemas que seguro que levantan el ánimo de los parroquianos que puedan estar pasando por unas circunstancias difíciles. O, como mínimo, que les hagan pensar que aunque a veces el futuro se vea de un color demasiado oscuro, no hay lugar para la rendición ni motivo para pensar en el fracaso. Dios, la vida, la naturaleza, el destino o quien sea se encarga de compensar los malos momentos con otros que nos pueden hacer olvidarles. Y hasta que lleguen estos otros nuestro deber es el de seguir luchando. Porque la vida muchas veces se ha definido como un viaje o un camino pero esa idea no es del todo exacta, el camino es simplemente el marco. Y es por lo que hay que apurar un poco más la definición diciendo que en realidad la vida es la lucha constante y continua por dar un nuevo paso que siga a los que hemos dado hasta ahora.

ENVIO

A ti, fiel camarada, que padeces
el cerco del olvido atormentado,
a ti, que gimes sin oír al lado
aquella voz segura de otras veces:
te envío mi dolor.

Sí desfalleces
del acoso de todos y cansado,
tu afán ves como un verso malogrado:
bebamos juntos en las mismas heces,
en las mismas heces.

En tu propio solar quedaste fuera,
del orbe de tus sueños hacen criba.
Pero allí donde estés cree y espera
pero allí donde estés cree y espera.

El cielo es limpio y en sus bordes liba
claros vinos del alba primavera.
A ti, fiel camarada que padeces
el cerco del olvido atormentado:
el cielo es limpio, el cielo es limpio,
pon arriba tus ojos, siempre arriba.

Angel María Pascual


NO TE SALVES

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

pero si
pese a todo no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.

Mario Benedetti