Continuamos la serie dedicada a la sensación de inadaptación con este poema de Luis Cernuda. Forma parte del libro que publicó en 1931, uno de los más representativos de su etapa surrealista y que lleva por título Los placeres prohibidos. Elocuente nombre el que encontró para hablar de aquellos (gracias ignatus, a esta ronda estás invitado) aquellas sensaciones que experimentaba y que en su época no estaban bien vistas, la homosexualidad en su caso. No vamos a entrar en un tema como ese ahora, daría para unas cuantas entradas ya que seguramente lo que dijéramos aquí no se ajustaría a lo que el discurso bienpensante actual ha establecido. Lo que nos gustaría es dejar el fondo de la cuestión para otro momento y quedarnos con la forma con la que Cernuda describió la sensación de aislamiento, soledad e incomprensión que le producía una situación en concreto. Y aunque el contexto varíe, la sensación que se experimenta en otros casos en los que alguien no encuentra su sitio puede verse como la de un "naipe cuya baraja se ha perdido" y que se ve asistiendo al paso del mundo sin su propia participación.
Para unos vivir
Para unos vivir es pisos cristales con los pies desnudos; para
otros vivir es mirar el sol frente a frente.
La playa cuenta días y horas por cada niño que muere. Una
flor se abre, una torre se hunde.
Todo es igual. Tendí mi brazo; no llovía. Pisé cristales; no
había sol. Miré la luna; no había playa.
Qué más da. Tu destino es mirar las torres que levantan, las
flores que abren, los niños que mueren; aparte, como naipe
cuya baraja se ha perdido.
otros vivir es mirar el sol frente a frente.
La playa cuenta días y horas por cada niño que muere. Una
flor se abre, una torre se hunde.
Todo es igual. Tendí mi brazo; no llovía. Pisé cristales; no
había sol. Miré la luna; no había playa.
Qué más da. Tu destino es mirar las torres que levantan, las
flores que abren, los niños que mueren; aparte, como naipe
cuya baraja se ha perdido.
